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  • QUE VERGUENZA PASE EN COSTA RICA…

  • SI VIVISTE ESTA HISTORIA, EL RESULTADO FUE EL MISMO? (TERCER Y ULTIMO CAPITULO)

    En esta historia, primer y segundo capítulo,  les relaté la vida de mis padres, ahora les hablaré sobre mí. Muchos de ustedes tal vez estarán pensando cómo pude ser feliz con unas vivencias como las que les mencioné.  Les cuento que mi padre, quizás porque yo era la única nena, me daba mucho cariño desde niña y durante toda mi vida. No olvido que siempre cuando me pasaba por el lado me tocaba la barbilla o me apretaba la nariz. Al crecer, mis opiniones para  él eran importantes y en la mayoría de las  ocasiones él las tomaba en consideración.  Tal vez otro factor que influyó para ser feliz, fue la similitud de mi padre y yo en cuanto a nuestra personalidad: pasivos, empáticos, compasivos con las necesidades de los demás, sumisos, humildes y caritativos.  De mi madre no adquirí ninguna característica de su personalidad: egoísta, fuerte, inflexible e  intolerante.  Les aclaro que mi madre tenía esa personalidad, pero era buena conmigo, su personalidad me molestaba sólo cuando la veía actuar con las demás personas con una de las características que les mencioné.

    Dicho esto, las peleas continuas de mi madre con mi padre por su vida de mujeriego como les conté en el primer y segundo capítulo, era algo de los que mis hermanos y yo nos acostumbramos.  Escuchábamos a mi madre gritarle a mi padre por un tiempo prolongado y decirle todas las palabras soeces que se le ocurría y esto  no nos afectaba porque era algo esperado con la misma finalidad: al día siguiente seguía con él al como si nada hubiese pasado.

    Bueno, les cuento que mi padre enfermó de cáncer.  Mis hermanos incluyendo el que no es hijo de mi madre, mi madre y yo, cuidamos a mi  padre hasta su último suspiro.  Una de las tristezas para todos era que al tener cáncer en la lengua, al final nosotros no entendíamos lo que nos expresaba y llegó el momento en que sólo nos miraba sin poder hablar.  Recuerdo que para él era bien importante que sus cuentas estuvieran sin deudas y que se cumpliera con su deseo en cuanto al funeral.  Por ello, en dos ocasiones siendo la última una semana antes de fallecer, tuve el valor de informarle sobre los pagos realizados en sus cuentas y que las mismas estaban saldas.  También tuve el valor de decirle que su funeral también estaba saldo y que estuviera tranquilo porque íbamos a estar pendiente al hijo (mi hermano) que tuvo fuera de matrimonio.  Tal como se lo dije, así lo hemos cumplido.  A mi madre la estoy cuidando y disfrutando tal como se lo pedí a Dios antes de que mi padre falleciera.   Próximamente cumple 81 años y la llevo a pasear o hacer compras los sábados y algunos domingos.  Otro detalle que no les he mencionado  es que al no divorciarse de mi padre, quedó cómoda económicamente (con una buena pensión y seguro social) y la amante privilegiada de mi padre (la que le daba dolores de cabeza a mi madre) actualmente convive con un guardia de seguridad de otra nacionalidad (visiblemente comparable a los que llaman Sanky Panky) y al parecer este se encargará de lo poco que ella recibe de Seguro Social y pensión por jubilación (ironías de la vida, lo que llaman: el karma).  También comparto con ustedes que como dato inesperado, quizás por la edad avanzada que tiene mi madre, básicamente tiene las características de la personalidad que tenía mi padre y no las que ella tenía:  así es la vida (such is life).

    Moraleja: la vida está llena de misterios, cosas extrañas que no podemos entender.  No te cohíbas en dar consejo y si la persona toma otras decisiones no te martirices.  Si la situación te trastoca, recuerda que también puedes recurrir a la oración si es que crees en un ser superior a nosotros, en mi caso la oración y la Fe me ha ayudado muchísimo.  Así que finalizo diciendo: DISFRUTA LA VIDA EN ORDEN DIVINO PARA QUE PUEDAS VALORAR, COMPARTIR Y  GOZAR DEL HERMOSO REGALO DE NUESTRO CREADOR: LA VIDA.

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  • ¿SI VIVISTE ESTA HISTORIA, EL RESULTADO FUE EL MISMO?(SEGUNDO CAPITULO)

    Tal como les mencioné en el capítulo anterior, ahora les contaré sobre mi madre. Muchos de ustedes estarían pensando que mi madre no vivía con mi padre o estaba muerta, pero no: mi madre convivió con mi padre durante 59 años, precisamente hasta el fallecimiento de mi padre. Ella me contó que conoció a mi padre a los 15 años y a los 16, decidió irse con él (esta es la expresión en mi país cuando una joven abandona su hogar para vivir con su novio, en la mayoría de los casos en la casa de los padres del joven) y así ocurrió.  La diferencia de edad entre ellos era de 5 años, mi padre tenía 21 años, por lo que él era mayor de edad.

    Mis padres eran miembros de clubes sociales, siempre salían juntos a las distintas actividades hasta que mi padre como les mencioné en el capítulo anterior, su vida dio un giro convirtiéndose  en un funcionario público (político) de Alta Sociedad. Al ser un  funcionario de “Primera Clase” tuvimos muchas ventajas tales como el respeto, consideraciones especiales en todos los ámbitos, altos ingresos económicos, regalos costosos, entre otros.  Esto es placentero para las familias donde existe el respeto, consideración y amor hacia su pareja (familia).  Lamentablemente, al ser mi padre mujeriego y como en todo lugar existen mujeres (y hombres también) que por estar cómodos económicamente realizan cualquier acto inmoral, deshonesto o impúdico, aquí comienza la odisea de mi madre.

    Mi madre culminó el cuarto año de escuela superior tomando un examen (no en un escenario escolar) y no continuó estudios universitarios.  Se dedicó toda su vida a atender  el hogar, lo que se conoce en mi país como  Ama de Casa.  Mi madre es una mujer bonita (todavía lo es a pesar de su edad)  y a cuidado muy bien su cuerpo, cutis y cabello. Nunca trabajó y siempre tuvo todo lo material, pero sufrió mucho por el adulterio sin freno cometido por mi padre.   Peleaba continuamente con él, le gritaba, le decía las palabras soeces inimaginable,  pero todo era momentáneo.  Al día siguiente estaba planchándole la ropa y todo lo que él necesitara.  Llegó el momento que para nosotros era normal escuchar sus peleas y mis hermanos le decían que se divorciara, decía que lo haría, pero nunca sucedía.  Me contó que en una ocasión llegó al lugar de trabajo de mi padre, abrió la puerta de la oficina de mi padre y vio a la amante privilegiada con mi padre en la Oficina.  Decidió cerrar la puerta y retirarse.  Les cuento que si llego a ser yo, la policía me tenía que sacar del lugar y estoy segura que a ustedes también.  Ella pensaba que además de la amante privilegiada, mi padre tuvo romances con varias de las que trabajaron con él. 

    Al pasar el tiempo, pienso que mi madre lo amaba, aunque ella lo niega o puede ser que  al vivir  con él desde tan corta edad, lo veía como su proveedor, como un padre,  una costumbre o necesidad.  Les adelanto que jamás olvidaré que mi padre enfermó y en su último año de vida, recibió atenciones médicas y recuerdo que una terapista dialogando con él, le dijo  que era  privilegiado porque tenía una familia que lo quería  y él le contestó: “de lo único que estoy arrepentido es de la forma como traté a mi esposa porque ella es  buena  y yo le fallé”.

    Pero les cuento que mi padre tuvo dos enfermedades crónicas y hasta un año antes de morir le entregaba dinero a su amante privilegiada y posteriormente me entregó sus cuentas para que se las manejara.  Increíblemente mi madre fue informada que la amante privilegiada al no tener acceso al dinero comentaba en todos los lugares que después de todos los años que estuvo con él no era justo que se quedara sin recibir dinero.  Saben qué, mi madre no parecía afectarle nada de esto y continuaba atendiendo a mi padre con AMOR aunque ella no lo acepte porque obviamente esto tiene que ser amor, al menos es lo que pienso y ustedes piensan igual?

    En el tercer y último capítulo les hablaré de mí en este escenario porque a pesar de todo lo vivido, defendía a mi padre sobre mi madre.

  • Nuevo blog

    Comparto con ustedes una pagina dirigida a todos los interesados en el mundo empresarial.

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  • ¿SI VIVISTE ESTA HISTORIA, EL RESULTADO FUE EL MISMO? (PRIMER CAPITULO)

    Si has leído las historias anteriores, ya debes conocer mi vida desde la infancia.  Mencioné en ellas, que en mi infancia, juventud y adultez he vivido en su mayoría muchos momentos de felicidad.  Recuerda que como ya mencionamos, la palabra feliz no es absoluta porque vivimos momentos de tristezas y felicidad.  Le agradezco primero al Ser Celestial en quien confío y a los padres que me regaló por vivir más momentos de felicidad que de tristeza.

    Les narraré un pequeño resumen de mi vida sobre mi entorno familiar.  Más adelante se van a preguntar por qué me consideré feliz en mi entorno familiar mientras vivía con mis padres, pero luego lo entenderán.  Comenzaré contándoles que mis padres nos criaron a mis dos hermanos y a mí, soy la segunda al nacer y la única nena.  Nos criaron en un barrio donde construyeron en su inicio una casa humilde, pero con el tiempo cuando yo tenía 18 años finalizaron la construcción de otra casa grande y hermosa, sobre la primera. Mi padre laboraba en un hotel de la capital de mi país como carnicero (cortando carnes).  Más adelante abrió un negocio de bebidas en otro sector de mi pueblo (ya era comerciante). Durante ese tiempo ingresó a la política partidista donde posteriormente lo eligieron  como legislador y ocho años después como Diputado por cinco décadas.  En todo este tiempo y posteriormente tuvo varios negocios: ferretería, restaurantes y negocio de bebidas alcohólicas.   Demás está decirles que fui la consentida en mi hogar.  Mi padre aunque no estaba todo el tiempo en mi casa, fue bien bueno conmigo en todos los ángulos: me daba mucho amor, me compró carro, me llevaba con él y mi madre a todos los viajes exteriores fuera de mi país, estaba pendiente a mi educación, etc.  Pero como les mencioné al principio, la felicidad no es absoluta.

    Mi padre fue mujeriego, algo que me afectaba: tuvo un romance con una mujer que vivía detrás de su negocio y procreó un hijo con ella cuando yo tenía 20 años (gracias a Dios que fue varón).  Posteriormente en su área laboral inició un romance con una empleada que era mucho menor que él y menor que la mamá de su otro hijo.  En múltiples ocasiones, salía los viernes en la mañana y regresaba el lunes, obviamente estaba con su última amante. Un día lo vi un viernes en la noche en un negocio de bebidas alcohólicas y me bajé de mi vehículo llena de ira para hacerles un escándalo o no sé qué iba hacer,  pero mi  padre me vio a tiempo y salió del negocio deteniéndome.  Me retiré del lugar y ahora me pregunto: qué hubiese pasado si hubiera entrado al lugar?. 

    Mi padre mantuvo la relación con esta amante por aproximadamente 20 años, hasta año y medio antes de su muerte, pero en el transcurso de esta relación tuvimos otra sorpresa: en su último negocio contrató a una joven cinco años menor que yo, de otra nacionalidad para trabajar en la barra del negocio.  Me imagino que ya saben lo que ocurrió: se hizo amante de esa muchacha quien era sobre los 20 años más joven que su amante privilegiada. No saben cuánto sufrí temiendo que ella quedara embarazada, ya que ella tenía 28 años y mi padre 57. Gracias a Dios esa relación no duró mucho tiempo, aproximadamente dos años  y saben qué, la chica residía cerca de mi casa (para ir hacia su hogar pasaba frente a la mía). De otro lado,  también les cuento que la amante privilegiada también se enteró de esa relación y visitaba el negocio para tratar de romper la relación y quizás lo logró. Ustedes se preguntarán y ¿tu mamá, no estaba viva?  Les contaré de mi madre en el Segundo Capítulo de esta historia real.

  • Experiencias Visuales Benignas y Malignas

    Alguna vez has tenido un contacto visual con nuestro Creador o con un espíritu maligno?  Desconozco cuál es tú respuesta, pero yo sí las tuve con ambos y es por eso que te narraré lo que viví.  Para que me vayas conociendo y quién sabe si entiendas lo ocurrido,  te hablaré también un poco sobre mi persona, veamos…:

    Los seres humanos tenemos distintas o parecidas experiencias religiosas, creencias, mitos y realidades, pensando y actuando conforme a nuestra realidad, entorno familiar y genético, lo que se convierten en los elementos que nos guiarán a través de nuestra existencia hacia lo que queramos creer.

    Al nacer llegamos a un lugar desconocido que a través del tiempo se convierte en nuestra necesidad, costumbre y experiencia.  En fin, nuestro estilo de vida que va a  moldea nuestro carácter, personalidad y temperamento: la constitución del ser humano.  Nadie elige dónde nacer, pero tuvimos un lugar reservado.  Tampoco conocemos el propósito de vivir precisamente en el lugar donde nacimos. Científicamente está comprobado que los genes son la unidad funcional de la herencia biológica y física que se transmite de padres a hijos conocida como ADN y en este caso, tampoco tuvimos la opción de seleccionar los elementos biológicos y físicos que deseábamos tener.

    Hay una diversidad de teorías sobre nuestra existencia, tales como la Teoría de la Evolución de Charles Darwin quien profundiza sobre la evolución biológica explicando que los seres vivos no aparecen de la nada y porque sí, sino que tienen un origen y que van cambiando poco a poco. De otra parte, la teoría del neodarwinismo está basada en la teoría de Darwin, pero añade los  conocimientos  de genética, explicando las diferencias humanas de una especie y cómo se heredan. De otro lado,  la teoría del origen del hombre desde la visión religiosa: la Biblia.  Esta consiste en que un ser celestial (Dios) creó al hombre y la mujer: Adán y Eva, comenzando la vida humana con libre albedrío para decidir el rumbo de nuestras vidas y al fallecer lo llevará a morar con Dios o por el contrario en un lugar de tortura y fuego llamado infierno.  Conforme a las teorías anteriores, el ser humano no llega al Mundo de la nada sino que hubo un creador.  Algunos lo llaman Dios, Alá, espíritu superior, etc. Así mismo, también existen personas conocidos como Ateos, que no creen que preexista un creador, por lo que niegan la existencia de un ser supremo, omnipotente y omnipresente, pero según cada caso, pudieran pertenecer a las congregaciones tales como hinduismo, budismo u otras, que niegan la existencia de un ser supremo. 

    Comenzaré narrándoles sobre mi entorno genético:

    Nací con características física de la raza negra y un mínimo de india.  Tengo el cabello oscuro, manejable y al estirarlo adquiero las características de una india, pero la raza negra se impone al no tener la nariz fina. Mis ojos son grandes y marrones. Mi estatura 5 pies con 5 pulgadas y de constitución esbelta. De mi madre adquirí la nariz, la forma de mi cara, boca, piernas, manos y quizás el cabello.  De mi padre adquirí el color de la piel, estatura y personalidad. 

    Entorno familiar:

    Mis padres criaron a mis dos hermanos varones y a mí. Soy la única nena y la segunda al nacer. Recuerdo que el Día de Los Reyes siempre tuvimos juguetes y  nuestros padres se ocupaban de que acudiéramos a la escuela, posteriormente universidad y  a las clases bíblicas de la Iglesia Bautista. Tuvimos de ellos amor, atención, dirección, regaños, viajábamos con ellos fuera del país y  los domingos  salían a pasear y yo siempre iba con ellos aun siendo mayor de edad. Es por ello que,  puedo catalogar mi entorno familiar como una hermosa crianza.  No obstante, como todo en la vida nada es perfecto, ya que las peleas entre mis padres eran recurrentes por la debilidad de mi padre: las mujeres, pero gracias a Dios sólo eran peleas verbales y la única que peleaba era mi madre porque mi padre no decía ni una sola palabra. Mi madre siempre fue intensa, fuerte, con poca tolerancia, explosiva, pero sólo cuando algo no le agradaba.  En cambio mi padre aunque algo no le agradaba siempre fue dócil, pasivo,  tolerante, manejando las situaciones sin coraje sino con sutileza.   Aún con las peleas intensas de mi madre, teniendo toda la razón, permaneció junto a mi padre durante 59 años y lo cuidó hasta su último suspiro.

    Experiencia espiritual:

    Como les mencioné cuando era pequeña iba a la Iglesia Bautista porque mi abuela y tías acudían a dicha Iglesia (visité la Iglesia hasta la pre adolescencia). Mi padre nunca asistió a la Iglesia. Como dato curioso, me contó mi madre que cuando ella era adolescente asistía a la Iglesia Bautista hasta que en una prédica del Pastor,  comenzó a reír por algo que no tenía relación con el Pastor y este le dijo que se fuera de la Iglesia.  A partir de ese momento, no regresó a la Iglesia Bautista y posteriormente comenzó a visitar la Iglesia Católica.

    En mi caso, buscaba el alimento espiritual en varias doctrinas.  Visitaba las iglesias pentecostales, bautista, Testigo de Jehová, católica, pero solamente las visitaba ocasionalmente, con excepción de los Testigos de Jehová, que en este caso una compañera universitaria me dio clases bíblicas en los predios de la universidad en el tiempo libre. 

    Luego de mostrarle mi base religiosa, ahora entraremos a mis experiencias espirituales, no sueños o pesadillas, sino experiencias reales y vividas.  Mis experiencias han sido positivas, con nuestro Creador y negativas con un espíritu aterrador.  Estoy segura que no soy la única persona que he tenido estas vivencias y posiblemente alguno de ustedes las ha vivido.

    Experiencias visuales benignas:

    Cuando tenía 18 años en una conversación con mi abuelo le decía que Cristo no existía que sólo existía Dios. Eso causó el enojo de mi abuelo y prácticamente una discusión entre él y yo.  Posteriormente, al retirarme hacia mi casa, me dirigí al servicio sanitario, me arrodillé orando y pidiéndole a Dios que me perdonara si Cristo existió.  Salí del baño mirando hacia el cielo el cual estaba soleado y le repetía a Dios en mi  mente: “yo sé que me estás escuchando, yo sé que me estás escuchando” y llegó un momento en que se reflejó una luz de forma redonda como si fuera un foco y luego desapareció.  Claramente entendí que respondió que me estaba escuchando.  No es necesario decirles cuánto lloré de la emoción, ni tampoco es necesario decirles que  desde ese momento, clamo a Dios mediante Jesucristo.

    Amigos, pero esto no es todo, aproximadamente 20 años después, viajando por la carretera de la costa por donde me dirijo en ruta a mi trabajo, vi una figura que al parecer era un hombre, con una túnica blanca en la orilla de la playa mirando hacia el mar.  Tenía el cabello bien abundante, negro y sobre los hombros (no tenía el cabello claro y fino como lo vemos en las ilustraciones, pero esa figura la identifiqué). No pude ver su rostro ni color de su piel. Sólo sabía que era Él, Jesucristo; desapareció y no lo volví a ver.

    Todos los que han pasado por la experiencia visual, auditiva, tangible con ese ser maravilloso, saben lo que siente mi corazón porque no tengo la mínima duda de que existe y en cierta medida me siento privilegiada porque me permitió tener contacto visual con Él. 

    Ahora les cuento mis  experiencias visuales malignas:

    He tenido tres vivencias negativas, la primera comenzó en un viaje hacia Nueva York donde me quedé viviendo dos meses de vacaciones con mis tíos. Una noche, mientras me encontraba en la cama, sentí algo bien extraño como si fuera un viento tenebroso que bajaba lentamente del techo hacia la cama.  Esa neblina me daba escalofríos y terror porque se dirigía hacia mi cuerpo tratando de penetrar dentro del mismo.  En ese momento y automáticamente comencé a orar el Padre Nuestro y exclamar: Jehová te amo, te amo… y la tiniebla desapareció.  Demás está decirle que las noches siguientes fueron un calvario porque temía que me volviera a suceder, cosa que no volvió a ocurrir mientras estuve en Nueva York.  No obstante, para mi sorpresa, al finalizar mis vacaciones y luego de haber regresado a mi hogar,  comenzó mi calvario luchando durante muchas noches consecutivas con el viento tenebroso aterrador que quería entrar a mi cuerpo.  Sufrí mucho porque no encontraba cómo acostarme sabiendo que en algún momento vendría hacia mí nuevamente.  Todo el tiempo lograba alejar el viento aterrador cuando inmediatamente y de forma automática clamaba a Dios, orando el Padre Nuestro y repitiendo Jehová te amo.  Llegó el momento que tuve que informarle a mi madre lo que me ocurría y en múltiples ocasiones me iba a dormir con mis padres porque no quería vivir ese horror en mi cuarto (tenía 24/25 años).  Gracias a Dios mi madre no dudó de lo que me ocurría y era mi apoyo. Un día mi madre buscó lo que se llama quinqué (objeto de cristal para alumbrar), colocó una foto mía y otra foto de Jesucristo que la tienen muchas personas, en la cual vemos a Jesucristo cargando a un hombre que al parecer está sin fuerzas y mi madre dejó el quinqué con las fotos en la coqueta de mi cuarto.  Para la Gloria de Dios, esa fue la última noche de la aparición de ese viento aterrador.  Precisamente, cuando esa noche comenzó mi calvario, exclamé a Dios automáticamente como siempre lo hacía y en un momento dado, vi el viento aterrador bajar del techo con una forma más definida, como del tamaño de dos pies de alto aproximadamente, dirigiéndose hacia la puerta de mi cuarto saliendo del mismo y entrando al cuarto de mis padres el cual estaba al lado del mío.  Inmediatamente llamé a mi madre contándole lo que vi y ella me dijo que precisamente sintió algo que salió por la ventana de su cuarto, pero no podía precisar qué salió por su ventana.

    La segunda vivencia negativa ocurrió luego de haber contraído matrimonio y después de varios años, estábamos mi esposo y yo en nuestro dormitorio, mi esposo estaba dormido y yo despierta.  En un momento dado, sentí que tenía que mirar a la puerta de la entrada al cuarto y al mirar en esa dirección, vi una figura como de seis pies y medio (cubría desde el piso hasta el marco de la puerta), con ropa negra, no se veía su rostro, ojos, manos ni piernas, parecía lo que conocemos como el chacal. Estuvo sin moverse como si estuviera mirando en dirección a nosotros durante aproximadamente 7 segundos y desapareció.  Increíblemente no sentí miedo, lo vi desaparecer, no desperté a mi esposo quedándome dormida posteriormente y nunca sentí miedo sobre este suceso.

    Finalmente, años después tuvimos una situación familiar para la cual hicimos un círculo de oración en mi cuarto entre mis dos hijas, mi esposo y yo. Quise hacer el círculo de oración porque por mis experiencias anteriores negativas, reconocí que había un ataque maligno.  Una vez comencé la oración, segundos más adelante sin viento alguno ni brisa, la puerta se cerró a una velocidad impresionante realizando un ruido súper fuerte. En mi caso, casi brinqué, pero no solté mis manos del círculo de oración y continúe orando.  Nadie habló sobre lo sucedido hasta tres semanas después cuando le pregunté a mis hijas si se dieron cuenta de lo que sucedió ese día y ellas me indicaron que sí que se dieron cuenta, que entendían que se quiso interrumpir nuestra oración,  pero ninguno de nosotros quisimos volver a hablar del asunto.

    Lamento si alguien se siente atemorizado, pero esto no le ocurre a todas las personas, esto es un misterio.  Para los que han vivido lo mismo, sepan que no son los únicos, pero somos bendecidos porque logramos vencer al maligno y por el contrario, nos acercamos a Dios.  La única pregunta que me hago es: Porqué nosotros y qué plan tiene Dios con nosotros.

  • LA EDAD NO IMPORTA: LO IMPORTANTE ES LO QUE HAGAS CONTIGO MISMO

    Escucho en repetidas ocasiones personas exclamar e insistir  que a ciertas edades  es tarde para lograr metas.  Realmente lo es para las personas que tienen limitaciones mentales o los rodean personas que influyen en ellos pensando de esa manera.  Las metas las logran los que se esfuerzan, siguen su instinto y son perseverantes.  Les voy a contar el relato de mi vida sobre este tema, veamos:

    A la edad de 15 años jugaba con mis primas de esconder y toco palo.  Estos juegos lo realizábamos en el patio de nuestros abuelos por ser un terreno amplio y rural donde corríamos y nos escondíamos en cualquier área, especialmente detrás de los árboles.  Nos divertíamos mucho jugando mientras de contraste habían compañeras de estudios intermedios que sus novios las visitaban en sus hogares siendo esto no muy común, pero se aceptaba. Lo que no se veía normal era que a la edad de nosotras estuviéramos jugando como niñas pequeñas.  Posteriormente, quizás como algunos de ustedes, tuve mi primer novio dos meses antes de ingresar a la Universidad (me imagino que estarán pensando que era de esperarse, ya que estaba jugando a los 15). 

    Finalicé el Bachillerato a los 22 años y continuaba divirtiéndome con mis primas y familia extendida (ya no era jugando) sino visitando lugares bailables, pernotábamos en la isla por varios días, organizando fiestas, en fin, una grandiosa y exitosa vida en la juventud donde todos nos protegíamos sin incurrir en actos delictivos, irresponsables ni dañinos para otras personas ni para nosotros. Realmente una etapa inolvidable en la que mis compañeras de estudios ya en su mayoría habían contraído matrimonio y tenían hijos. Mientras ellas estaban iniciando o manteniendo una vida familiar, yo continuaba soltera con novio disfrutando con mis primas y familia el regalo de Dios: La Vida.

    Posteriormente, a los 33 años con 9 meses contraje matrimonio, casi a los 34 años.  Claramente entenderán que tomé esa decisión, aunque era feliz estando soltera, pero pensé que me tenía que casar o me quedaría soltera para toda la vida (jamona, como le llaman en mi país).   Fue por ello que, prácticamente a los 32 años le dije a mi novio que nos íbamos a casar el año siguiente (sábado, 13 de abril del 1996).  Mi novio era poco expresivo, por lo que no hubo reacción (prácticamente fui yo quien propuso matrimonio en la década donde el varón era quien lo proponía). Comencé a realizar los preparativos de la boda, le dije a mi novio lo que cubriría él económicamente, seleccioné los Padrinos y todo lo concerniente a la Boda y como les dije anteriormente, a los 33 años me casé y fue una hermosa Boda donde todos disfrutamos.

    A los 35 años con diez meses (casi a los 36 años) tuve mi primera hija y a los 38 años con cinco 6 meses tuve mi segunda hija (casi a los 39 años)  Mi primera hija, por falta de experiencia maternal,  la lacté hasta los tres meses y mi segunda hija hasta los 11 meses, quería lactarla por más tiempo, pero la dedicación a la lactancia día y noche alteró mi condición del ritmo irregular  del corazón y por ello tuve que cesar de lactar. Dicho esto, en el tiempo en que la mayoría de las mujeres de mi edad tenían sus primeros nietos, yo estaba criando a mis hijas.

    Así las cosas, a los 35 años decidí iniciar los estudios post graduados comenzando el Grado de Maestría sin imaginarme que estaba embarazada. Aun así, continué estudiando durante la noche viajando larga distancia incluyendo sábados,  finalizando la Maestría en Consejería a los 37 años cuando mi hija mayor tenía dos años. Veinte años después, a los 55 años, decidí continuar los estudios para obtener un Grado Doctoral. Recuerdo que le comenté a mi mejor compañera de trabajo de mi iniciativa y esta me dijo que para qué iba a estudiar, que a la edad que tenía no iba a lograr nada, que iba a perder mi tiempo y dinero.  De momento sentí como si me hubiesen dado un golpe en mi ser porque mi ilusión me la estaban desvaneciendo, pero aun así continué hacia la meta.  Quiero que sepan que no fue fácil, ya que tuve que interrumpir los estudios en dos ocasiones porque no lograba cumplir con las exigencias académicas.  No obstante, cuando ya estaba decidida a no continuar y estando en la mitad del doctorado (en la primera etapa de la investigación con 33 créditos), me sentía fracasada y frustrada; máxime con los comentarios de que estaba vieja para estar estudiando que me conformara con ser doctoranda.  Sin embargo, mi Ser no lo aceptaba porque me sentía incompleta, fracasada y ese impulso me condujo a reiniciar los estudios logrando culminar y obteniendo el Grado Doctoral.  Por lo que, finalicé el Grado Doctoral a los 59 años.  Se podrán imaginar que  uno de los impulsos consistía en que tenía que culminar antes de los 60 años. Ahora me siento orgullosa de mi misma, autorealizada y un ejemplo a seguir para mis hijas.

    También les cuento que mi físico no ha sido la excepción en cuanto a retos en edad avanzada, ya que a los 56 años observé que tenía una pequeña separación en uno de los dientes del frente por lo que fui al dentista y me colocaron “braces”  hasta los 58 años (alambres para unir los dientes).  No sé si imaginan cómo fueron las críticas y burlas, especialmente de mis hermanos.  Me decían que para qué tenía “braces” si yo estaba vieja y eso era sólo para jóvenes, que ellos no se los colocarían (quizás son machistas).  Saben qué…?, lamentablemente y tristemente mis hermanos tienen los dientes visiblemente separados por no haber hecho lo mismo que yo (aparentemente es un problema genético).

    Como pueden ver, nunca estuve al ritmo de lo que hacen las personas en ciertas edades o etapas, siempre las realicé años después de la población normal. Les comento que en la niñez fui súper feliz disfrutando cada momento con inocencia.  En la adolescencia y al finalizar la década de mis veinte años fui igual de súper feliz aprovechando cada momento con mis primas y familia, me vestía como siempre me gustaba: “fashion”, realizábamos fiestas familiares continuamente al punto que decíamos de forma jocosa: “vamos a celebrar el cumpleaños del perro y el gato” (no teníamos ni perros ni gatos). No obstante, también visitaba alguna Iglesia ocasionalmente porque no tenía preferencia por alguna doctrina en particular. Gracias a Dios no hubo nada que mentalmente cambiara mi personalidad.  De igual forma mis décadas de los 30’ y 40’ años también las disfruté con intensidad con la misma familia (pocas personas añadidas al grupo que no son de la familia), lo curioso era que no pareció que el tiempo pasó porque mi mentalidad era la misma y en mi década de los 50’ años y en este mi primer año de la década de los 60’, continúo disfrutando con mi familia, continúo a la moda, no uso trajes cortos porque tengo las piernas delgadas, pero trato de cuidar mi apariencia y lucir moderna.

    Les he presentado varias etapas de mi vida y con esto imagino que se dieron cuenta que no existe límites que no sean los que nos impongamos,  lo que está en nuestra mente es lo que permitimos y  es transformable o modificable por nosotros mismos.  El mantenerte en un buen peso, cuidar tu piel, cubrir las canas (con excepción de a los que las canas le lucen súper bien), lucir moderna sin extravagancia, no importa cómo pase el tiempo, lucirás bien. Ah, otro detalle, después de los 40 años si te es posible trata de mantener tu cabello con el mismo estilo y color de cuando eras joven.  Existen personas jóvenes con un espíritu envejecido y existimos personas mayores de edad con el espíritu jovial,  dónde te visualizas?

    Te aconsejo que cuando vayas a comenzar una nueva década de vida, esfuérzate  por entrar con menos peso para que mantengas el peso idóneo. Sobre todo, no te  establezcas límites por tu edad, vive día a día con alegría, con amor, agradeciendo  el hermoso regalo de nuestro creador.  Todos queremos lucir jóvenes y del mismo modo deseamos que los demás nos vean así, eso nos ocurre a todos especialmente a las mujeres, pero la ley de vida es nacer, envejecer y morir.  Mientras estemos en ese proceso, cuidemos nuestra salud física, salud mental, apariencia física y espiritual.