Les cuento que tengo una amiga a quien quiero como si fuera mi hermana. Mi amiga a quien le llamaremos Carmen, me contó hace diez años atrás que su nieto quien para ese tiempo tenía tres años, era demasiado activo, al extremo, según ella, que casi brincaba las paredes. Yo no lo veía mucho, pero sí observé que su inquietud no era normal y por ello le dije a Carmen que lo llevaran a un psicólogo
Al decirle eso a Carmen, tal parece que le derramé un cubo de agua en la cara, se ofendió y a partir de ese momento en público cuando ella tenía la oportunidad (al frente de quien fuera), siempre decía: “mi nieto es bien inteligente, brillante y fulana (fulana soy yo) me dijo que lo tenemos que llevar a un psicólogo”; “fulana dice que tengo que llevar a mi nieto al psicólogo y mi nieto tiene notas extraordinarias, es un niño brillante…”, expresiones así las manifestó durante diez años.
Siempre que Carmen verbalizaba esos comentarios, yo me pasmaba y me sentía incómoda, pero me quedaba callada. Siempre he tenido un buen ojo observador clínicamente (soy consejera de profesión por lo que estudié psicología) y aunque me sentía
mal porque sabía que ella se burlaba de mi, pero conociendo que Carmen es bien orgullosa y no le gustó lo que le dije, siempre que Carmen hacía el comentario me quedaba callada, pero bien pasmada y pensaba en ese momento que algún día me dará la razón. Sin embargo, después de varias veces escuchando su comentario, deseaba que ella tuviera la razón y yo estuviera equivocada porque aunque reconozco el orgullo de Carmen, la acepté como hermana con sus defectos y virtudes.
Amigos, anoche Carmen estuvo en mi casa. Estuvimos dialogando mientras yo le cocinaba una comida rápida a mi esposo (su comida favorita: la carne de hamburguesa rebosada con huevo y harina de galleta; papas hervidas con queso amarillo: “con esto le mato el hambre🤣”) y en medio de la conversación le mencioné que una de mis hijas quien está estudiando para ser psicóloga, en el Internado tuvo su primera práctica de evaluación psicológica con un niño autista.
Cuando le hice ese comentario a Carmen, ella espontáneamente me dijo que piensa que su nieto es autista. Quedé completamente sorprendida, pero no reaccioné, sólo le pregunté por qué pensaba eso. Me dijo porque le cocinó a su hermano y cuando le lleva la comida le dice: “toma nene” (el hermano tiene 21 años y él 13). Estoy segura que Carmen debe haber observado otras conductas, pero pienso que se limitó a decir solamente eso porque entendió que yo tenía razón.
Lo que ocurre es que, como les dije anteriormente, Carmen es bien orgullosa, por lo que le debe haber dado muchooooooooooo trabajo decírmelo, por las veces que se burló de mí al no querer considerar lo que le dije. Se que es difícil para cualquier padre o abuelos, aceptar que te digan que lleves a tu hijo al psicólogo, pero aunque nos duela no podemos cerrarnos a posibilidades. Si en aquel momento Carmen si hubiese dedicado a observar con detenimiento la conducta de su nieto, hubiese recibido tratamiento psicológico a los tres años y estoy segura que a la edad que tiene (13 años), tampoco lo llevarán porque el orgullo supera todo.
En ese momento no le comenté a Carmen que yo tenía la razón cuando le dije que lo llevara a un psicólogo, lo que le dije fue que habláramos con mi hija para que nos diga su opinión. Pero saben qué?, no creo que su nieto sea autista. Pienso que debe tener un pequeño transtorno mental que con terapias psicológicas se pueden resolver u otra conducta que ya es aceptada por la sociedad.
Les comento que cuando alguien me decía algo de mis hijas, lo más mínimo que fuera, yo estaba alerta y observaba. Gracias a Dios fueron alertas en la adolescencia lo que podía ser normal a sus edades, pero aún así yo daba las gracias a la persona que me lo decía y estaba pendiente; no me cerraba como Carmen.
Amigos, los hijos y nietos (no tengo nietos, pero me imagino que es igual), son un tesoro que Dios nos regala para moldearlos como si fueran una escultura artística. Esas esculturas hay que atenderlas, observarlas, proveer sus necesidades, inculcarles valores, hablarles sobre nuestro maravilloso creador para que confíen en el Padre Celestial en sus momentos difíciles.
A los hijos no se les debe celebrar todo, pero si lo necesario y lo que se ganen. Nadie en la vida es ni será perfecto, solo hubo uno hace miles de años atrás, Cristo.
Nuestra sociedad mundialmente va en decadencia porque muchos niños no reciben las atenciones de sus padres o de algún familiar. De aquí, se van a las calles con sus amiguitos o personas mayores sin escrúpulos quienes los utilizan. Nunca olvidaré en una isla de México (hace cinco años) un pequeño niño cantando con su guitarra, el cual no se quería ir de nuestra mesa por mis hijas; ese niño lo tendré en mi corazón hasta la muerte porque era explotado al igual que otros niños y niñas que estaban en el lugar, explotados por unos hombres que los observaban y le quitaban el dinero. Solo veía en ese niño sus ojos de tristeza de no poder quedarse con nosotros y nosotros lamentablemente y tristemente no podíamos hacer nada en ese país extranjero.
En mi país esto no ocurre visiblemente, pero pudiéramos estar mejor si los padres se dedicaran a sus hijos quienes son y serán los adultos del mañana, por lo que cuando estemos en la tercera edad, estaremos en sus manos para bien o para mal.
En cuanto al nieto de Carmen, una vez sepamos lo que ocurre, le volveré a escribir.