La Vejez sinónimo de sensibilidad


Les cuento que mi madre siempre fue una persona fuerte, histérica y de poca tolerancia. Cuando alguien le desagradaba no le importaba lo que la persona pensara, los botaba de nuestra casa diciéndole lo que se le ocurriera (ya se podrán imaginar).

Pues ahora que tiene 81 casi para 82, ahora tengo que tener cuidado cómo le hablo y qué le digo.

Si le contesto un poco molesta o con actitud ante cualquier situación, me llama para pedirme perdón y eso me parte el alma porque en realidad no he estado molesta y no hay motivo para pedir perdón y aunque lo hubiese tampoco me gustaría que lo hiciera.

No me gusta que haga eso y para evitarlo, sé que no debe darse cuenta de mis emociones para que no se afecte.

Tampoco no le puedo contar nada negativo que me pudiera afectar en mi diario vivir, aunque sea mínimamente, porque se afecta mucho más que yo. En esta semana me han pasado sucesos donde observé lo anterior, así que ahora tengo que estar pendiente de no mencionar cosas que me molestan o afectan para que ella siga feliz.

Nuestros “viejitos”, esos tesoros que nos cuidaron desde que estábamos en el vientre de nuestra madre, quienes nos esperaron al nacer con sus brazos abiertos, nos educaron, nos brindaron amor, educación, valores y aún nosotros mayores de edad, están pendiente a nosotros y nos “cuidan” y miman.

Dios Bendiga a nuestros “viejitos”, ya sean nuestros padres, personas que nos criaron o  los que de alguna forma le tenemos afecto aunque no sean de nuestra sangre.

¡¡¡Dios Bendiga a nuestros viejos!!!. Amén…


Deja un comentario