REFLEXIÓN
Todos sabemos que la Biblia habla que al tener 70 años llegamos al máximo en edad para una vida productiva y que como mucho a los 80, si es que eres privilegiado de llegar bastante saludable a esta edad.
Para los jóvenes, 70 y 80 años son una eternidad (así también pensaba yo). Ahora tengo 61 años y no me di cuenta cómo avancé hacia esta edad. Los que yo veía mayores, ahora yo soy como ellos. Y la pregunta es qué hemos hecho durante todo ese tiempo.
Si hacemos un resumen, lo que hemos hecho es comer, dormir, asearnos, hablar, caminar, estudiar, trabajar, viajar, comprar, etc.
No sé qué edad tendrás, pero si estás entre los 50 años en adelante, eres privilegiado o privilegiada de haber caminado un largo tramo de la vida y espero que llegues a las próximas décadas, con la ayuda de Dios.
Hay personas que están en lo que llamaremos el Primer Grupo: que durante su tiempo se dedican a obstaculizar a los demás, no son facilitadores, no brindan ayuda a los necesitados, son egoístas, vanidosos, están llenos de avaricia y envidia de lo que tienen los otros y sólo realizan maldad (como la serpiente de una de mis historias).
Por otro lado, hay personas que están en el Segundo Grupo: bondadosos, humildes, que se preocupan por los demás, que se alegran del triunfo de los que los rodean, amorosos, comparten sus alegrías y son completamente desprendidos.
Reconozco que la gran mayoría le damos valor a lo material: tener una casa bonita, un buen vehículo, terrenos, negocios, ropa hermosa, dinero, etc.
Pero es difícil darnos cuenta que sólo enfocarnos con afán en lo material, nos aleja de lo espiritual que nos une y acerca a Dios.
Que las recompensas de nuestro Padre Celestial no tienen comparación. La Biblia dice: No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompe y donde ladrones minan y hurtan; mas haceos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni orín corrompe y donde ladrones no minan ni hurtan: porque donde estuviere vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón (Mateo 6:19-21).
Entiendo que no es que no compremos o tengamos cosas bonitas o costosas; me parece que no debemos tener afán por ser ricos, por tener objetos materiales súper valiosos porque eso nos aleja de ayudar al prójimo y por consiguiente nos aleja de Dios.
Si tienes un corazón lleno de bondad y amor para los demás, posiblemente recibirás lo que desees como lo mencionado anteriormente porque no tienes afán y dedicación de buscar lo material, te llega por recompensa. Así que no tengamos afán y vivamos cada segundo con alegría.
Ahora la pregunta obligatoria es:
En cuál de los pasos estás?
En el Primer Grupo, en el Segundo Grupo o fluyes entre ellos?