Al tener ese hermoso retoño en nuestro vientre, al sentir sus patadas y movimientos, al verlo en fotografía dentro de nuestro cuerpo, comenzamos a amarlos como si los estuviéramos viendo fuera de nuestro vientre.
Al nacer, por primera vez los vemos y luchamos por ellos como lo hacen los animales sin importar su especie. En mi caso, he criado a mis hijos cuidándolos, supliendo sus primeras necesidades, dándoles una buena educación académica y cristiana. Además clases extracurriculares tales como de natación, música, teatro, modelaje, canto, idiomas tales como inglés y francés. Además, se han criado en un ambiente familiar y de amigos, los que han leído mis historias anteriores saben de qué les hablo. Mis hijos tienen entre 22 y 26 años.
Los hijos crecen y ahora no estoy a su nivel tecnológico ni gustos. (ademas de la diferencia de edad). No es que quiera tenerlos amarrados a mí, pero me duele algunas de las respuestas a mis preguntas que tiene que ver directamente con ellos. Es como si les molestara mis preguntas, pero saben qué: no vuelvo a repetir las preguntas. Continúo con ellos como si nada me haya molestado o afectado, pero jamás les vuelvo a preguntar sobre el tema. Lo irónico de todo es que se dan cuenta del efecto que hacen en mí y al día siguiente me comienzan a dar la vuelta sobre el asunto porque me conocen. Aun así no les doy a entender que me hirieron y continúo como que nada pasó, pero como les dije anteriormente no les vuelvo a preguntar ni les vuelvo a tocar el tema. Les escribí este tema ahora porque acabo de pasar por esto en este momento.
Es triste porque no esperamos que esas cositas que una vez fueron tiernos, al pasar el tiempo recibamos estas reacciones de ellos, pero hay que saber cuándo echarse a un lado y dejarlos que vuelen, confiando en Dios que no tengamos que darles consejos para remediar y que sean exitosos en todo lo que se propongan. Así lo declaro para mis hijos y para los tuyos.
Muchas Bendiciones…