Mi vida desde pequeña ha sido exposición pública. Lo que siempre me ha causado ansiedad es hablar ante un público y lamentablemente esto me persigue aunque no quiera.
Para darles un ejemplo, hace unos añitos atrás espontáneamente asumí una responsabilidad en la que ocasionalmente hablaría ante público reducido o numeroso, pero no pensé en eso. Hablar en público reducido no me causa tanta ansiedad como hablar ante miles de personas y acepté ignorantemente por inepcia. A veces me pregunto que si estoy loca o es Dios quien me mueve a aceptar situaciones como esta. Les digo esto, porque aunque sufro, al final veo la bendición y no sólo para mí sino para otras personas.
Comenzaré contándoles que hace unos años atrás asumí un rol que nadie me obligó sino que acepté por cuenta propia. En esta posición mi primera exposición pública no la vi venir, pero llegó. Cuando entré al lugar lleno de miles de personas (pensaba que yo sería parte del público igual que los demás, pero con un título), me buscó el de Relaciones Públicas que yo no conocía (estoy segura que él tampoco, por lo que alguien le diría), para que diera un mensaje ante una cámara en la que sería escuchada por radio. Gracias a Dios pude dar un corto mensaje sin pensar ni lo que estaba diciendo y en este momento vi en el lío en que estaba metida. Luego me estaban buscando para que subiera a la tarima para que diera un mensaje ante miles de personas y muchos de ellos con experiencia. Aquí les digo que el mundo se me fue al piso. Me llevaban a toda prisa abriendo camino para que pudiera hablar y yo sentía que estaba dentro de un ataúd llevándome a la fosa literalmente. Cuando llegamos, Dios me volvió a bendecir porque al llegar al área del micrófono no pude hablar ya que el tiempo terminó (aquí vi a Dios con toda su Gloria porque mi mente estaba en blanco). No es lo mismo dar un mensaje de los repetitivos que hablar ante un público que espera a alguien que hable con fuerza, seguro de sí mismo, líder, articulado y yo estaba MUERTA de miedo.
Luego de esa experiencia, fui exitosa de la siguiente manera:
1. Me preparaba semanas antes cuando sabía que había una actividad memorizándome un mensaje. Cuando llegaba el momento lograba llevar un buen mensaje no extenso, pero correcto. Aunque el mensaje no lo llevaba muchas veces como lo memorizado, pero casi similar.
- Utilizaba la técnica de no mirar fijamente a nadie sino mirar de esquina a esquina recorriendo mi vista sin quedarme fija en nadie. De este modo lucía que me estaba dirigiendo a todos y bajo control.
- Cuando hablaba ante un grupo donde alguien levantaba la mano para aportar, esto era como ganarme una Rifa, ya que me ayuda a relajarme y no sentir que soy yo el único centro de atención.
- Otra cosa que me permite relajarme es bajar de la tarima y hablar cerca de las personas o si es una reunión, levantarme de la mesa presidencial y pararme frente al grupo moviéndome de un lado a otro mirando al grupo como vuelo de pájaro (rápido).
Estas son las técnicas que me han resultado. Llevo un año que no me dirijo a un público y mañana quizás me toque dirigirme a un público de casi doscientas personas. De ser así, ya saben que el mensaje está memorizado y que no miraré a las personas fijamente.
Espero que estos tips le sean útil a alguna persona y si los nervios los descontrolan, tomen alguna pastilla para controlar los nervios o agua de azahar.
Recuerden que muchos del público jamás se pararían en el lugar de usted y los entendemos😂, por lo que ya tienes un privilegio de ser valiente. De otro lado, los que me escuchaban pensaban que yo no me ponía nerviosa, ni que ello me causaba tanta ansiedad, de lo contrario me aplaudían. Por tanto, a todos los que escuchamos hablar en público pasaron por lo mismo en su inicio aunque no lo parezca. Además, si los mensajes son similares, lo que tienen que hacer es repetir lo que aprendieron a dominar con pequeños cambios.
Así que les deseo éxitos a los que se inicien en este ambiente.