Muchas veces salgo de mi hogar en mi vehículo y estoy como un robot sin mirar hacia los lados, sólo enfocada en llegar a mi trabajo y en la tarde sólo enfocada en abrir el portón de mi hogar y relajarme en el mismo.
Sin embargo, pocos días como hoy, increíblemente estoy tan relajada que al mirar por la ventana de mi trabajo me llama la atención el cielo azul hermoso, con esos rayos de sol que ilumina las hojas de los árboles y las bellas nubes que parecen formar figuras en el cielo.
La ruta de mi hogar a mi trabajo es hermosa y así la estoy viendo hoy como la he visto en otros días, pero no siempre por el ajetreo diario.
Tenemos un estilo de vida tan ajetreado que no vemos lo hermoso que Dios nos ha regalado.
Hoy fue uno de esos hermosos días que disfruté mi trayectoria desde mi trabajo a mi hogar. Veo un inmenso mar extendido, azulado, con unas hermosas olas blancas reventando en la orilla de la arena. En esa arena se ven caracoles pequeños y una hermosa espuma blanca que así como llega así mismo se retira.
Además de ese hermoso mar, a la orilla de la carretera se ven las bellas palmeras, plantas de uvas, plantas de icacos, mucha gente disfrutando en la orilla de la playa con sus sombrillas, sillas y neveritas.
Todo esto lo he disfrutado hoy durante la tarde porque estoy relajada y en contacto con la naturaleza.
Le doy gracias a Dios por volverme a permitir un día más para ver todo su esplendor y maravilla.
Les escribo esto para que en la medida en que puedan se desconecten con lo rutinario y traten de conectarse con la naturaleza. Se van a sentir que revivieron porque en la naturaleza está nuestro creador.
Dios los Bendiga….