Señores…ser peleón cuesta mucho….


Recuerdo que cuando mis hijas eran pequeñas y estaban en grados primarios siempre les decía que bajo ninguna circunstancia pelearan en la escuela. Para ese tiempo estaban en un colegio católico que era estricto, ya que la administración estaba dirigida por monjas. Por tanto, no quería que fueran suspendidas o expulsadas del colegio.

Para ello, siempre les decía que si alguna nena o nene las molestaba, que no discutieran ni pelearan sino que se lo informaran a la maestra o maestro y así fue. A mi hija mayor una nena la molestaba, ella me lo notificaba y yo le decía que se lo informara a la maestra y así lo hacía. Como mi hija no se defendía la nena la cojió  como decimos en mi país “de mango bajito”  y un día le dio a mi hija y mi hija se lo informó a la maestra sin pelear con la nena y suspendieron a la nena. Cuando la nena regresó de la suspensión, durante los dos próximos años que estuvieron en el colegio, fueron las mejores amigas (ironía de la vida).

Pues les cuento, que por el contrario, en el área laboral donde yo trabajaba comenzó a laboral una secretaria que su casa estaba en ruta hacia el lugar donde resido. Un día al finalizar las labores me pidió que le diera pon (esto significa que la transportara en mi vehículo hacia su casa) y durante el camino le estuve hablando sobre lo que les acabo de contar.

Resulta que cuando se lo dije se alteró diciéndome que así no se crían a los hijos porque abusan de ellos por cobardes. Que a sus tres hijas ella las enseñó a defenderse y que si llegaban a su casa con un ojo hinchado, ella le hinchaba el otro porque no podían perder la pelea.

Se podrán imaginar que me congelé por lo que estaba escuchando y no lo podía creer. En mi mente pensé que yo estaba criando gallinas ponedoras y ella estaba criando gallos de pelea👀.

Saben qué?, laboramos en la misma oficina por un período de 4 años y una de sus hijas (la mayor) se fue a vivir para Estados Unidos y las otras dos querían irse con su hermana, pero no se pudieron ir con su hermana por tener restricción penal por involucrarse en una pelea con otras jovencitas a las cuales las agredieron severamente y por ser menores de edad tenían que cumplir con un proceso donde recibían ayuda psicológica y de supervisión penal hasta los 18 años (era como tener un grillete).

Cuando supe lo que estaba ocurriendo con esas dos jovencitas, pensé que a quien debieron ingresar en la cárcel era a su madre porque las hijas fueron víctimas de una madre agresora e irresponsable, pero también pensé que quizás ella (la madre) también fue víctima de padres agresores.

Que tristeza, pero nuestro hijos serán lo que nosotros les enseñemos, lo que para ellos será normal. La falta de amor, atención, dedicación, compromiso con nuestros hijos, en la mayoría de los casos, nos está llevando a una sociedad dañina, nociva y perjudicial. Estamos a tiempo de mejorar si todos ponemos nuestro granito de arena. Dios nos guíe y nos proteja. Bendiciones….


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