En una de las historias anteriores les conté que le tengo fobias a las arañas y que un compañero de trabajo fue recientemente a República Dominicana y vio una, según me contó, como del tiempo de los dinosaurios. Le creí y le dije que se callara, que no me dijera nada más porque recordé que son las que yo veía en las tienditas de souvenir que de la impresión, de inmediato cambiaba la mirada, pero aún así, siempre pensaba que no podían ser reales.
Pues les cuento que estuvimos tres noches en República Dominicana y antes de salir para la República, en mi casa comencé a imaginármelas dentro de mi casa hasta donde tolerara la imaginación (dándome terapia) porque me daba y me sigue dando escalofríos. Le dije a mi esposo antes de irnos que cuando me viera nerviosa o brincando sin haber motivo, que no se asustara que todo era producto de la fobia.
Cuando llegó el momento, bajamos del avión en Santo Domingo y todo transcurrió bien. De ahí nos dirigimos en vehículo hacia Santiago de Los Caballeros donde nos tomó casi tres horas (había una protesta). Fuimos hacia la casa de un amigo de nosotros quien se casó con una dominicana, tiene casa allá en Santiago, provincia que está cerca de La Vega, precisamente donde mi compañero vio la “amiga” que les mencioné. El amigo de nosotros desde que estábamos en mi país no quería que nos quedáramos en un hotel sino en su casa. Pues les cuento que antes de salir para allá hice todo lo posible para no quedarnos en su casa y máxime porque investigué y supe que no tienen “escrines” (material de metal que se coloca en ventanas y puertas para que no entren los insectos). Se podrán imaginar que estaba en un caos pensando que este era el peor viaje de mi vida y que la iba a pasar fatal al extremo que le preguntaba a Dios por qué me estaba castigando
(Tenía que ir por otra persona que estaba en el grupo).
Bueno, logré desde mi país reservar la última noche en Santo Domingo (capital) con la excusa de que quería pasear en la capital. Aún así me quedaban dos noches, para las cuales no pude safarme antes de salir, pero pensaba que cuando estuviéramos allá iba a pedir pasear para otro lugar como La Romana, San Pedro de Macorí u otro lugar, donde pasáramos la noche en un hotel o parador y sólo me sacrificaría una noche porque pensaba que no dormiría pendiente a todos los movimientos dentro del cuarto.
Sin embargo, al llegar a la casa todo transcurrió súper bien. Vi que no había “escrines” ni en ventanas ni puertas, pero nos dieron el cuarto que tenía aire acondicionado por lo que asumí que mi cuarto tenía “escrines” y entré al mismo y vi todo bien, no tenía escrines, pero las ventanas estaban cerradas. Lo que hice fue mantener cerrada la puerta de entrada al cuarto.
Pues les cuento que en la casa nunca me puse nerviosa al extremo que no busqué donde quedarnos la segunda noche, me sentía segura. A pesar de no haber escrines, no vi ni una mosca ni una cucaracha. La pasamos súper bien en la casa y fuera de ella también. Me sentí como en mi casa y nunca me puse nerviosa a tal modo que no pensé casi sobre mis “amigas”. Para más decirles fuimos a La Vega a un restaurante, parador, que le llaman el Corazón de Jesús, los que han ido ahí saben que es campestre, era de noche y no estuve nerviosa. Le comenté a la que estaba a mi lado que en esa ciudad fue donde mi compañero vio a una de mis “amigas” y de ahí en adelante no las volví a mencionar, pero no me puse nerviosa, era como si las hubiese borrado de mi mente. También fuimos a un campo en la Provincia de Santiago que se llama Hato del Medio y tampoco sentí miedo (aquí estuve un poco más alerta).
Lo más curioso y maravilloso que me ocurrió fue que el último día cuando en la mañana entro al baño para bañarme porque nos íbamos para la capital, miré hacia la ventana donde está la bañera y veo que esa ventana no tiene escrines y estaba abierta😳, no podía creer que yo me encargaba de cerrar la puerta del cuarto para que nada entrara y la esa ventana estaba abierta😩Dejábamos en la noche la puerta del baño semi abierta con la luz encendida para tener un poco de claridad😫. Le di tantas gracias a Dios por su misericordia, ya que los días anteriores no me di cuenta que la ventana estaba abierta, fue como si me hubiera cegado porque la puerta del baño tenía que estar abierta para tener claridad de noche y sabrá Dios si la ventana no la hubiese podido cerrar y la verdad es que no hubiese podido dormir: Dios es otra cosa: es maravilloso🙏….
Ya de regreso a la capital, entramos a una tienda de souvenirs y comida llamada Jacaramba (creo que se llama así) y estuve pendiente antes de entrar a las tienditas por si venden mis amigas disecadas, pero gracias a Dios no las vi.
Regresamos a la capital y ahí nos quedamos la última noche. Antes de ir al hotel, uno del grupo quiso compartir con otra familia en un lugar cerca del Malecón a casi 15 minutos que le llaman si no me equivoco Las Minas. Cuando estamos llegando, el que estaba con nosotros en la guagua nos dijo que ese lugar es caliente y así se veía. Aún así llegamos a saludar a su amiga y estuvimos más tiempo de lo que esperábamos porque la mayoría comió, ya que la señora se preparó para nosotros y no le podíamos dejar la comida (carne frita, arroz, habichuelas, ensalada, guineos verdes, aguacate) ni la bebida (Presidentes Light y Coors Light). La señora era tan alegre que se enganchó con nosotros para el Hotel Jaragua, frente al Malecón. A la media noche le llamamos un taxi para que la llevara a su casa después de comer, tomar y bailar. Se fue súper contenta. La pasamos bien con ella.
Finalmente, fue un buen viaje, ya que pensé que sería una pesadilla por mi fobia, a tal extremo, que no pensaba regresar a República Dominicana, pero teníamos que ir por una persona del grupo. Creí que sería un sacrificio, pero fue todo lo contrario, la pasamos súper bien……gracias a nuestro maravilloso Padre Celestial……