Que felicidad cuando sueño con mi perrito


Hace 34 años falleció mi perrito llamado Filo.  Filo era un perrito mezclado con la raza Chiguagua y salchicha (peleaba con mis amigos porque me decían que era sato, ya que era de razas mezcladas y no pura). Era negro y marrón.  Cuando yo tenía 18 años una señora le ofreció a mi mamá un perrito casi recién nacido. Nos quedamos con el perrito y lo llamamos Filo. Ese fue el primero y último que tuvimos mi madre y yo. 

Luego de que yo contraje  matrimonio, en mi nuevo hogar no he tenido perros ni mi madre tampoco. Me da pena con mis hijas porque ellas siempre han querido tener uno. A cambio, les he comprado peces como mascotas, gracias a Dios no han protestado y les gustaron.

Les cuento que Filo estaba bien engreído conmigo. Nadie se me podía acercar porque les ladraba y trataba de morderlos.  Mis amigos siempre le ponían sobrenombres para molestarme  porque mi perro siempre les ladraba y parecía que los iba a morder. 

Cuando yo llegaba a casa se volvía loco. Incluso, por un periodo de tiempo  rasguñaba la puerta de mi cuarto y cuando se abría se metía en mi cama y cuando mami trataba de sacarlo aparentaba que la iba a morder.

Mami nunca le compró comida para perros. Ella le cocinaba carne con arroz y cuando salíamos de viaje lo dejábamos con una niñera para que lo cuidara en la casa.

Nosotras no lo dejábamos salir al patio, siempre estaba en la casa, lo que hacíamos era sacarlo por un ratito con su collar.  Nunca estuvo cerca de una perrita y eso me lo criticaban mis amigas, pero yo entendía que a él no le hacía falta.

Lamentablemente le salió en una patita un abultamiento que creció y lo llevamos al veterinario.

El veterinario le realizó los exámenes de rigor y resultó que era cáncer.  Mami y yo nos encontrábamos en la sala de espera cuando el médico nos Dios la mala noticia y a eso añadió que nos recomendaba que lo sacrificáramos para que no sufriera. Tomar esa decisión fue mortal tanto para mami como para mi. El médico nos dio la oportunidad de despedirnos de Filo, pero no quisimos. No obstante, la puerta estaba abierta, lo vi en la camilla y para mi desgracia Filo tenía su carita estirada hacia atrás mirándome. Han pasado 34 años y no he olvidado ese escenario. Mi mamá y yo salimos de allí atacadas llorando. Yo estaba manejando, estuvimos llorando en todo el camino y semanas después.

Hoy día, cuando sueño con Filo me siento tan feliz porque siempre el sueño es como cuando éramos felices con él. Cuando esto ocurre, rápido le cuento el sueño a mi madre y no los disfrutamos. Es hermoso tener un perro, pero para mi es lo mismo que tener una persona en la casa. Por ello, lo que dependa de mi, evito los sufrimientos y admiro a los que cuidan a estos hermosos animales que como bien dicen y a mi me consta, son el mejor amigo del hombre. 


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