NO PUEDO DEJAR DE NEGAR MI EDAD


Si han leído mis historias anteriores, saben que tengo 60 años de edad. Lo que no se van a imaginar es que no aparento la edad.  Gracias a Dios no me conocen, pero si supieran quien soy, pensarían que tengo aproximadamente entre 46 a 48 años. Les digo estas edades porque las personas que conozco me dicen por ejemplo: “deja que llegues a los 50 (tengo diez más, ja, ja), para los años sesenta, tú no habías nacido o para tal suceso tú eras pequeña”.  Saben qué?, me quedo callada aceptando lo que me dicen, jamás corrijo mi edad.  Esto es algo que no puedo superar….

Obviamente a los médicos le digo mi verdadera edad y en asuntos oficiales, pero siempre evito  estar cerca de alguien conocido.  En ocasiones me afecto porque por ejemplo en mi trabajo no quiero que algún compañero me ayude a buscar alguna información personal o registrarme en algo que necesite para que no sepan mi fecha de nacimiento y tengo que buscar cómo hacerlo yo sola.

En otra de las historias les comenté que hay muchas cosas en nuestra infancia que no recordamos y en la actualidad reaccionamos a consecuencia de lo que vivimos en el pasado.  Les digo esto porque una de mis hijas sobre este tema en una ocasión me dijo: “mami, a ti no te gusta decir la edad porque a mi abuela tampoco”. 

Así las cosas, entiendo que es una conducta aprendida.  Les cuento que mi madre al igual que yo tampoco representa la edad.  Actualmente tiene 81 años y aparenta como 72 años.  Ella se mantiene súper delgada, desde que tengo conocimiento la he visto pintándose el cabello de un color llamativo (ahora se lo pinta con depósito de color de cada dos semanas), por lo que nunca la he visto con el cabello marrón ni con canas.  De igual forma, toda su vida se ha puesto humectantes en su rostro día y noche y  mejor si son para disimular las arrugas.  También se pone mucha crema en todo su cuerpo. No usa batas, nunca la he visto con una bata.  Usa ropa pegada a su cuerpo, pero apropiada y no de mujer de la Tercera Edad.

Saben qué?, la hija (yo) va por el mismo camino.  Ni si quiera utilicé una bata cuando estuve hospitalizada para tener a mis hijas.  Llevé trajes fáciles de quitar, me puse pantallas, pulsera, maquillaje.  No parecía que estaba hospitalizada.

Del mismo modo como absorbí lo que veía en mi madre, entiendo que mis hijas serán igual que yo.  La única diferencia que tengo con mi madre es que ella nunca trabajó y yo sí.  Por tanto, no tengo tanto tiempo extra, pero aun así por ejemplo, solucioné el ocultar las canas con un spray con pintura para la raíz del cabello canoso que vende la Farmacia Walgreens y con este resuelvo hasta que me pongo el depósito de color.

Lo que está bien claro es que si Dios lo permite a mis hijas les espera lo mismo que yo estoy viviendo con mi madre.  Cuando llevo a mami a las oficinas de los médicos y le preguntan la edad, ella se ríe, se toma su tiempito y luego contesta riéndose: “18” y yo tengo que decirle al médico 18 al revés, 81. Such is live.


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