Un año antes de la Pandemia Covid-19, me di cuenta que una de mis hijas (tenía 19 años) salía por uno de los portones de la casa y se demoraba. Esto ocurrió varias veces. Llegó un momento en que le pregunté qué hacía cuando salía para la parte de atrás de la casa y me contestó hablando con un amigo. En ese momento pensé qué estarán pensando los vecinos (él se estacionaba en el otro lado de la calle) y los vecinos la están viendo hablando con un muchacho en la orilla de la carretera del lugar donde resido y nosotros no la veíamos. Por ello, le dije a mi hija que en vez de hablar en la parte donde nosotros no la veíamos, que mejor le dijera al muchacho que viniera a hablar con ella en el área frente a mi casa y así lo hizo. Saben qué?, cuando llegó una tarde a hablar con mi hija y lo vi por la ventana, no me agradó (es como un sexto sentido). En muchas ocasiones hablaba con ella frente a la verja de mi casa, estacionaba su vehículo y se quedaban frente al mismo.
Dirás que soy una mala persona, pero realmente no lo soy. Te digo esto porque nunca miré de frente a ese joven, sólo lo observaba cuando lo miraba brevemente por la ventana porque sabía que él no me veía. En ocasiones cuando yo llegaba a mi casa o salía y él estaba con mi hija frente a mi casa, yo me bajaba o me montaba en mi vehículo sin mirarlo, nunca lo miré. Para más decirle, si lo tengo frente a mí no lo reconozco.
En una ocasión mi hija me dijo que el joven quería hablar conmigo para poder entrar a mi casa y le contesté a mi hija que no, que nadie entrará a mi casa hasta que finalice su Bachillerato y estaba comenzando el mismo. Así que con esta respuesta le cerré la “puerta”. Posteriormente mi hija me dice que el joven la invitó a la Iglesia para que ella lo acompañara un domingo y también me opuse porque sabía que la intención de él no era ir a la Iglesia. Estoy segura que sigo pareciendo una mala persona, pero insisto que no lo soy, sólo soy una madre que ama a su hija que a simple vista sabía que ese joven no le convenía, era una corazonada.
Sufrí mucho cuando llegaba y lo veía frente a mi casa hasta que un buen amigo sin saber que yo estaba sufriendo por esta situación, me habló del beneficio de Ayunar. Al verme, me dijo que tenía que hablar conmigo porque sintió que Dios quería que me hablara del beneficio de Ayunar. Me explicó cómo aplicar el Ayuno. Me dijo que comenzara por la mitad del día sin comer nada y si iba a tomar agua o cualquier merienda, se lo dijera a Dios antes de comenzar la ayuna y así sucesivamente continuar extendiendo las horas hasta que vea cumplirse lo que haya puesto en manos de Dios. En una ocasión tuve dos días sin comer absolutamente nada.
En ese momento no le comenté a mi amigo lo que me ocurría (se lo comenté después que pasó todo) y comencé a Ayunar. Les cuento que en la primera semana comencé a ver el cambio y así día a día hasta aproximadamente un mes después increíblemente el joven se comprometió con otra joven y se fue a vivir fuera de mi país con la otra muchacha. Le di tantas gracias a Dios y a la vez le pedí que él estuviera bien con su pareja y que fuera feliz. Gracias a Dios mi hija está bien y dentro de su interior sé que con el tiempo me entendió. Los padres que amamos a nuestros hijos queremos lo mejor para ellos. Nos podemos equivocar, pero cuando el corazón se entristece y sientes que algo está mal, busca a Dios el cual te da la herramienta de la Ayuna. A mí me funcionó y no asisto a la Iglesia, pero confío en un ser maravilloso, que nos escucha y nos ama. Espero que no tengas una situación difícil, pero si es así: Ayuna….