Tengo dos hijas y una de ellas desde antes de la Pandemia del Covid 19, me decía que deseaba ir a la Torre de Eiffel en Francia. Insistía en ir con nosotros y yo entendía que era porque mi esposo tenía 64 años de edad y yo 57 años. Comencé a considerar el viaje y llegó la Pandemia del Covid-19. A finales del Año 2021, volví a retomar los planes y comencé a verificar los precios. Bueno, les cuento que como iba a cumplir el deseo de mi hija en Francia, ya que íbamos a un viaje lejano había que aprovecharlo, pues comencé a incluir otros países y terminé con España, Francia e Italia. Traté de realizar el viaje comprando todo por Internet, pero ya que era la primera vez que íbamos a Europa, optamos por realizar un viaje seguro y compramos el paquete a una agencia de viaje y en verano del 2022, nos fuimos para Europa. Demás está decirles que gastamos un chorro de dinero y máxime porque somos cuatro. Por mi parte no tanto sino por nuestras hijas quienes compraron ropa para todos los días y ropa de glamour para la Torre de Eiffel y otros. Gracias a Dios que sus compras fueron por Internet y eso minimizó un poco el impacto económico.
Con nosotros se anotaron cuatro parejas que son familia nuestra. Todo estaba bien encaminado hasta dos semanas antes de la salida. Una de las que nos acompañaría con 75 años de edad, se enfermó y la hospitalizaron, tuvo varios percances de salud delicados incluyendo un diagnóstico de una enfermedad crónica inesperada. En ese momento pensaba que ella no iba para el viaje por la situación, pero ella estaba pendiente a que el médico la autorizara. En cierta forma yo estaba bien molesta porque entendía que ella no podía ir ya que nos dañaría el viaje si en Europa había que llevarla a un hospital. El viaje de nosotros era terrestre viajando en guagua de un territorio a otro donde no nos íbamos a quedar fijos en un hotel porque si hubiese sido diferente, pues sabíamos que su esposo y alguno de nosotros teníamos que sacrificarnos para estar en el hospital con ella mientras los otros continuaban con el itinerario del viaje, pero no podía ser así ya que viajábamos de un país a otro en guagua. Se podrán imaginar que la pena que sentía por ella desapareció y lo que sentía era coraje porque ella no pensaba en nosotros sabiendo que nos dañaría el viaje si se enfermaba en Europa. Demás está decirles que yo estaba que botaba fuego (se lo expresaba a los demás) porque tenía esperanzas de que dijera que no iba y dos días antes nos llama para informarnos que iría con nosotros. En ese momento dije: “se chavó el viaje” porque un viaje en avión tan largo quizás ella no lo tolere, pero me encomendé a Dios para que nos acompañara en todo momento y a ella no le sucediera nada. Saben qué, Dios cumplió mi deseo, pero me dio una lección de vida, veamos:
Llegamos a Europa, lo cual nos tomó muchas horas para llegar a nuestro lugar de destino. La agencia de viaje nos trasladó al Hotel y comenzamos a visitar las áreas turísticas. Todo estuvo de maravillas y llegamos a la Torre de Eiffel cumpliendo el deseo de una de mis hijas. Estuve pendiente a la que nos acompañó que estaba enferma y todo excelente con ella. El segundo día, observé que una de mis piernas tenía muchos puntos rojos, pero no le di importancia. Al día siguiente los puntos rojos se convirtieron en líneas rojas largas, pero tampoco le di importancia. Al cuarto día la otra pierna comenzó a ponerse roja con un moretón y al quinto día las líneas de la primera pierna desaparecieron y el moretón de la otra pierna creció y se veía en carne viva. Me mantuve callada y no dije nada para no preocupar a mi familia, pero comencé a tomar antibiótico y colocar triple antibiótico en el área rojiza. No logré detener el problema y llegó el momento que se lo tuve que comentar a uno de los que estaba con nosotros. Cuando lo vio se asustó y me dijo que habláramos con uno de los médicos que estaban en el grupo (habían varios médicos). Le consultamos a uno de ellos y me dijo que si me dolía o me picaba tenía que ir al hospital. Gracias a Dios eso no me estaba ocurriendo, por lo que me recomendó que elevara las piernas el tiempo máximo que pudiera, ya que él sabía que casi no descansábamos. Lo hice, pero lo hice mal porque las mantuve estiradas, no elevadas por eso demoraba en sanar ignorando yo ese detalle. Entre este susto que no terminaba, me sentía fatal de salud, mareada, sin fuerzas y con un sueño que no lograba controlar, suerte que en la guagua podía dormir. Ese día, llegamos a un lugar hermoso, pero no lo disfruté ya que estaba sin fuerzas y para caminar me agarraba de las manos de mi esposo, pero no le decía lo que me ocurría. Ya no podía más y tuve que decirle a mi esposo que tenía que ir a un médico y él ante lo negativo cierra todos los sentidos y no me escuchó: estábamos en Italia, un lugar totalmente desconocido para nosotros. Continué en el hermoso lugar sin disfrutarlo deseando regresar al hotel para acostarme y en la mesa cuando estábamos almorzando, mis hijas me dijeron: ”mami te ves bien mal, qué pasa?”. Les dije: “háganme la prueba de Covid” (en el viaje llevamos varias pruebas caseras). Sentía terror porque pensaba que los síntomas que sentía era por el problema que tenía en la pierna, pero como iluminación divina en ese momento pensé en Covid, también en ese momento les mostré mi pierna a mis hijas y esposo. La pierna daba la impresión de que la iba a perder, estaba tan asustada que ya no estaba pendiente a la que salió enferma de mi país. Ella estaba bien con excepción de que caminábamos tanto que ella se quedaba atrás y había que esperar que descansara unos segundos y no entró a todos los lugares porque se cansaba. Yo entraba, pero asustada por mi situación, se podrán imaginar que lo único que deseaba era regresar a mi país.
Bueno, como les estaba comentando anteriormente, cuando regresamos al hotel, mis hijas me realizaron la prueba de Covid y saben qué? SORPRESA: tenía Covid. Lo que jamás ustedes se imaginarán es que me alegré tanto de saber que era Covid que hasta lo celebré, esa noche fui a la barra del hotel y me tomé cuatro cervezas de botella y otros tragos. Mi reacción fue de alivio porque los malestares que sentía no eran por el problema de la pierna sino por el Covid, sentí alivio porque no iba a perder mi pierna o peor aún no moriría. Saben qué, la mente es bien poderosa porque desaparecieron los síntomas del Covid y comencé a elevar las piernas al dormir en la noche y como ya el viaje estaba finalizando, ya descansábamos más y mi pierna comenzó a sanar.
Con esto les digo que la vida es una caja de sorpresas, no subestimes a nadie por su edad, género, condiciones de salud, raza, condición social o intelectual. Cuando estábamos en Europa le comenté a mi familia y otros amigos, que tanto que critiqué a la que estaba enferma porque nos iba a dañar el viaje y jamás me imaginé que yo sintiéndome bien de salud y sin condiciones aparentes, era la que le iba a dañar el viaje a ellos y por otra parte, gracias a Dios pasamos la última prueba ya que en el aeropuerto seleccionaban una persona al azar para hacerle la prueba de Covid y se la hicieron al que estaba antes de mí. Fui protegida por Dios porque de lo contrario tenía que quedarme cinco días en Europa.
Espero en Dios que esto nunca te pase o quizás no te hubiese pasado porque no hubieses subestimado como lo hice yo…