Escucho en repetidas ocasiones personas exclamar e insistir que a ciertas edades es tarde para lograr metas. Realmente lo es para las personas que tienen limitaciones mentales o los rodean personas que influyen en ellos pensando de esa manera. Las metas las logran los que se esfuerzan, siguen su instinto y son perseverantes. Les voy a contar el relato de mi vida sobre este tema, veamos:
A la edad de 15 años jugaba con mis primas de esconder y toco palo. Estos juegos lo realizábamos en el patio de nuestros abuelos por ser un terreno amplio y rural donde corríamos y nos escondíamos en cualquier área, especialmente detrás de los árboles. Nos divertíamos mucho jugando mientras de contraste habían compañeras de estudios intermedios que sus novios las visitaban en sus hogares siendo esto no muy común, pero se aceptaba. Lo que no se veía normal era que a la edad de nosotras estuviéramos jugando como niñas pequeñas. Posteriormente, quizás como algunos de ustedes, tuve mi primer novio dos meses antes de ingresar a la Universidad (me imagino que estarán pensando que era de esperarse, ya que estaba jugando a los 15).
Finalicé el Bachillerato a los 22 años y continuaba divirtiéndome con mis primas y familia extendida (ya no era jugando) sino visitando lugares bailables, pernotábamos en la isla por varios días, organizando fiestas, en fin, una grandiosa y exitosa vida en la juventud donde todos nos protegíamos sin incurrir en actos delictivos, irresponsables ni dañinos para otras personas ni para nosotros. Realmente una etapa inolvidable en la que mis compañeras de estudios ya en su mayoría habían contraído matrimonio y tenían hijos. Mientras ellas estaban iniciando o manteniendo una vida familiar, yo continuaba soltera con novio disfrutando con mis primas y familia el regalo de Dios: La Vida.
Posteriormente, a los 33 años con 9 meses contraje matrimonio, casi a los 34 años. Claramente entenderán que tomé esa decisión, aunque era feliz estando soltera, pero pensé que me tenía que casar o me quedaría soltera para toda la vida (jamona, como le llaman en mi país). Fue por ello que, prácticamente a los 32 años le dije a mi novio que nos íbamos a casar el año siguiente (sábado, 13 de abril del 1996). Mi novio era poco expresivo, por lo que no hubo reacción (prácticamente fui yo quien propuso matrimonio en la década donde el varón era quien lo proponía). Comencé a realizar los preparativos de la boda, le dije a mi novio lo que cubriría él económicamente, seleccioné los Padrinos y todo lo concerniente a la Boda y como les dije anteriormente, a los 33 años me casé y fue una hermosa Boda donde todos disfrutamos.
A los 35 años con diez meses (casi a los 36 años) tuve mi primera hija y a los 38 años con cinco 6 meses tuve mi segunda hija (casi a los 39 años) Mi primera hija, por falta de experiencia maternal, la lacté hasta los tres meses y mi segunda hija hasta los 11 meses, quería lactarla por más tiempo, pero la dedicación a la lactancia día y noche alteró mi condición del ritmo irregular del corazón y por ello tuve que cesar de lactar. Dicho esto, en el tiempo en que la mayoría de las mujeres de mi edad tenían sus primeros nietos, yo estaba criando a mis hijas.
Así las cosas, a los 35 años decidí iniciar los estudios post graduados comenzando el Grado de Maestría sin imaginarme que estaba embarazada. Aun así, continué estudiando durante la noche viajando larga distancia incluyendo sábados, finalizando la Maestría en Consejería a los 37 años cuando mi hija mayor tenía dos años. Veinte años después, a los 55 años, decidí continuar los estudios para obtener un Grado Doctoral. Recuerdo que le comenté a mi mejor compañera de trabajo de mi iniciativa y esta me dijo que para qué iba a estudiar, que a la edad que tenía no iba a lograr nada, que iba a perder mi tiempo y dinero. De momento sentí como si me hubiesen dado un golpe en mi ser porque mi ilusión me la estaban desvaneciendo, pero aun así continué hacia la meta. Quiero que sepan que no fue fácil, ya que tuve que interrumpir los estudios en dos ocasiones porque no lograba cumplir con las exigencias académicas. No obstante, cuando ya estaba decidida a no continuar y estando en la mitad del doctorado (en la primera etapa de la investigación con 33 créditos), me sentía fracasada y frustrada; máxime con los comentarios de que estaba vieja para estar estudiando que me conformara con ser doctoranda. Sin embargo, mi Ser no lo aceptaba porque me sentía incompleta, fracasada y ese impulso me condujo a reiniciar los estudios logrando culminar y obteniendo el Grado Doctoral. Por lo que, finalicé el Grado Doctoral a los 59 años. Se podrán imaginar que uno de los impulsos consistía en que tenía que culminar antes de los 60 años. Ahora me siento orgullosa de mi misma, autorealizada y un ejemplo a seguir para mis hijas.
También les cuento que mi físico no ha sido la excepción en cuanto a retos en edad avanzada, ya que a los 56 años observé que tenía una pequeña separación en uno de los dientes del frente por lo que fui al dentista y me colocaron “braces” hasta los 58 años (alambres para unir los dientes). No sé si imaginan cómo fueron las críticas y burlas, especialmente de mis hermanos. Me decían que para qué tenía “braces” si yo estaba vieja y eso era sólo para jóvenes, que ellos no se los colocarían (quizás son machistas). Saben qué…?, lamentablemente y tristemente mis hermanos tienen los dientes visiblemente separados por no haber hecho lo mismo que yo (aparentemente es un problema genético).
Como pueden ver, nunca estuve al ritmo de lo que hacen las personas en ciertas edades o etapas, siempre las realicé años después de la población normal. Les comento que en la niñez fui súper feliz disfrutando cada momento con inocencia. En la adolescencia y al finalizar la década de mis veinte años fui igual de súper feliz aprovechando cada momento con mis primas y familia, me vestía como siempre me gustaba: “fashion”, realizábamos fiestas familiares continuamente al punto que decíamos de forma jocosa: “vamos a celebrar el cumpleaños del perro y el gato” (no teníamos ni perros ni gatos). No obstante, también visitaba alguna Iglesia ocasionalmente porque no tenía preferencia por alguna doctrina en particular. Gracias a Dios no hubo nada que mentalmente cambiara mi personalidad. De igual forma mis décadas de los 30’ y 40’ años también las disfruté con intensidad con la misma familia (pocas personas añadidas al grupo que no son de la familia), lo curioso era que no pareció que el tiempo pasó porque mi mentalidad era la misma y en mi década de los 50’ años y en este mi primer año de la década de los 60’, continúo disfrutando con mi familia, continúo a la moda, no uso trajes cortos porque tengo las piernas delgadas, pero trato de cuidar mi apariencia y lucir moderna.
Les he presentado varias etapas de mi vida y con esto imagino que se dieron cuenta que no existe límites que no sean los que nos impongamos, lo que está en nuestra mente es lo que permitimos y es transformable o modificable por nosotros mismos. El mantenerte en un buen peso, cuidar tu piel, cubrir las canas (con excepción de a los que las canas le lucen súper bien), lucir moderna sin extravagancia, no importa cómo pase el tiempo, lucirás bien. Ah, otro detalle, después de los 40 años si te es posible trata de mantener tu cabello con el mismo estilo y color de cuando eras joven. Existen personas jóvenes con un espíritu envejecido y existimos personas mayores de edad con el espíritu jovial, dónde te visualizas?
Te aconsejo que cuando vayas a comenzar una nueva década de vida, esfuérzate por entrar con menos peso para que mantengas el peso idóneo. Sobre todo, no te establezcas límites por tu edad, vive día a día con alegría, con amor, agradeciendo el hermoso regalo de nuestro creador. Todos queremos lucir jóvenes y del mismo modo deseamos que los demás nos vean así, eso nos ocurre a todos especialmente a las mujeres, pero la ley de vida es nacer, envejecer y morir. Mientras estemos en ese proceso, cuidemos nuestra salud física, salud mental, apariencia física y espiritual.