Alguna vez has tenido un contacto visual con nuestro Creador o con un espíritu maligno? Desconozco cuál es tú respuesta, pero yo sí las tuve con ambos y es por eso que te narraré lo que viví. Para que me vayas conociendo y quién sabe si entiendas lo ocurrido, te hablaré también un poco sobre mi persona, veamos…:
Los seres humanos tenemos distintas o parecidas experiencias religiosas, creencias, mitos y realidades, pensando y actuando conforme a nuestra realidad, entorno familiar y genético, lo que se convierten en los elementos que nos guiarán a través de nuestra existencia hacia lo que queramos creer.
Al nacer llegamos a un lugar desconocido que a través del tiempo se convierte en nuestra necesidad, costumbre y experiencia. En fin, nuestro estilo de vida que va a moldea nuestro carácter, personalidad y temperamento: la constitución del ser humano. Nadie elige dónde nacer, pero tuvimos un lugar reservado. Tampoco conocemos el propósito de vivir precisamente en el lugar donde nacimos. Científicamente está comprobado que los genes son la unidad funcional de la herencia biológica y física que se transmite de padres a hijos conocida como ADN y en este caso, tampoco tuvimos la opción de seleccionar los elementos biológicos y físicos que deseábamos tener.
Hay una diversidad de teorías sobre nuestra existencia, tales como la Teoría de la Evolución de Charles Darwin quien profundiza sobre la evolución biológica explicando que los seres vivos no aparecen de la nada y porque sí, sino que tienen un origen y que van cambiando poco a poco. De otra parte, la teoría del neodarwinismo está basada en la teoría de Darwin, pero añade los conocimientos de genética, explicando las diferencias humanas de una especie y cómo se heredan. De otro lado, la teoría del origen del hombre desde la visión religiosa: la Biblia. Esta consiste en que un ser celestial (Dios) creó al hombre y la mujer: Adán y Eva, comenzando la vida humana con libre albedrío para decidir el rumbo de nuestras vidas y al fallecer lo llevará a morar con Dios o por el contrario en un lugar de tortura y fuego llamado infierno. Conforme a las teorías anteriores, el ser humano no llega al Mundo de la nada sino que hubo un creador. Algunos lo llaman Dios, Alá, espíritu superior, etc. Así mismo, también existen personas conocidos como Ateos, que no creen que preexista un creador, por lo que niegan la existencia de un ser supremo, omnipotente y omnipresente, pero según cada caso, pudieran pertenecer a las congregaciones tales como hinduismo, budismo u otras, que niegan la existencia de un ser supremo.
Comenzaré narrándoles sobre mi entorno genético:
Nací con características física de la raza negra y un mínimo de india. Tengo el cabello oscuro, manejable y al estirarlo adquiero las características de una india, pero la raza negra se impone al no tener la nariz fina. Mis ojos son grandes y marrones. Mi estatura 5 pies con 5 pulgadas y de constitución esbelta. De mi madre adquirí la nariz, la forma de mi cara, boca, piernas, manos y quizás el cabello. De mi padre adquirí el color de la piel, estatura y personalidad.
Entorno familiar:
Mis padres criaron a mis dos hermanos varones y a mí. Soy la única nena y la segunda al nacer. Recuerdo que el Día de Los Reyes siempre tuvimos juguetes y nuestros padres se ocupaban de que acudiéramos a la escuela, posteriormente universidad y a las clases bíblicas de la Iglesia Bautista. Tuvimos de ellos amor, atención, dirección, regaños, viajábamos con ellos fuera del país y los domingos salían a pasear y yo siempre iba con ellos aun siendo mayor de edad. Es por ello que, puedo catalogar mi entorno familiar como una hermosa crianza. No obstante, como todo en la vida nada es perfecto, ya que las peleas entre mis padres eran recurrentes por la debilidad de mi padre: las mujeres, pero gracias a Dios sólo eran peleas verbales y la única que peleaba era mi madre porque mi padre no decía ni una sola palabra. Mi madre siempre fue intensa, fuerte, con poca tolerancia, explosiva, pero sólo cuando algo no le agradaba. En cambio mi padre aunque algo no le agradaba siempre fue dócil, pasivo, tolerante, manejando las situaciones sin coraje sino con sutileza. Aún con las peleas intensas de mi madre, teniendo toda la razón, permaneció junto a mi padre durante 59 años y lo cuidó hasta su último suspiro.
Experiencia espiritual:
Como les mencioné cuando era pequeña iba a la Iglesia Bautista porque mi abuela y tías acudían a dicha Iglesia (visité la Iglesia hasta la pre adolescencia). Mi padre nunca asistió a la Iglesia. Como dato curioso, me contó mi madre que cuando ella era adolescente asistía a la Iglesia Bautista hasta que en una prédica del Pastor, comenzó a reír por algo que no tenía relación con el Pastor y este le dijo que se fuera de la Iglesia. A partir de ese momento, no regresó a la Iglesia Bautista y posteriormente comenzó a visitar la Iglesia Católica.
En mi caso, buscaba el alimento espiritual en varias doctrinas. Visitaba las iglesias pentecostales, bautista, Testigo de Jehová, católica, pero solamente las visitaba ocasionalmente, con excepción de los Testigos de Jehová, que en este caso una compañera universitaria me dio clases bíblicas en los predios de la universidad en el tiempo libre.
Luego de mostrarle mi base religiosa, ahora entraremos a mis experiencias espirituales, no sueños o pesadillas, sino experiencias reales y vividas. Mis experiencias han sido positivas, con nuestro Creador y negativas con un espíritu aterrador. Estoy segura que no soy la única persona que he tenido estas vivencias y posiblemente alguno de ustedes las ha vivido.
Experiencias visuales benignas:
Cuando tenía 18 años en una conversación con mi abuelo le decía que Cristo no existía que sólo existía Dios. Eso causó el enojo de mi abuelo y prácticamente una discusión entre él y yo. Posteriormente, al retirarme hacia mi casa, me dirigí al servicio sanitario, me arrodillé orando y pidiéndole a Dios que me perdonara si Cristo existió. Salí del baño mirando hacia el cielo el cual estaba soleado y le repetía a Dios en mi mente: “yo sé que me estás escuchando, yo sé que me estás escuchando” y llegó un momento en que se reflejó una luz de forma redonda como si fuera un foco y luego desapareció. Claramente entendí que respondió que me estaba escuchando. No es necesario decirles cuánto lloré de la emoción, ni tampoco es necesario decirles que desde ese momento, clamo a Dios mediante Jesucristo.
Amigos, pero esto no es todo, aproximadamente 20 años después, viajando por la carretera de la costa por donde me dirijo en ruta a mi trabajo, vi una figura que al parecer era un hombre, con una túnica blanca en la orilla de la playa mirando hacia el mar. Tenía el cabello bien abundante, negro y sobre los hombros (no tenía el cabello claro y fino como lo vemos en las ilustraciones, pero esa figura la identifiqué). No pude ver su rostro ni color de su piel. Sólo sabía que era Él, Jesucristo; desapareció y no lo volví a ver.
Todos los que han pasado por la experiencia visual, auditiva, tangible con ese ser maravilloso, saben lo que siente mi corazón porque no tengo la mínima duda de que existe y en cierta medida me siento privilegiada porque me permitió tener contacto visual con Él.
Ahora les cuento mis experiencias visuales malignas:
He tenido tres vivencias negativas, la primera comenzó en un viaje hacia Nueva York donde me quedé viviendo dos meses de vacaciones con mis tíos. Una noche, mientras me encontraba en la cama, sentí algo bien extraño como si fuera un viento tenebroso que bajaba lentamente del techo hacia la cama. Esa neblina me daba escalofríos y terror porque se dirigía hacia mi cuerpo tratando de penetrar dentro del mismo. En ese momento y automáticamente comencé a orar el Padre Nuestro y exclamar: Jehová te amo, te amo… y la tiniebla desapareció. Demás está decirle que las noches siguientes fueron un calvario porque temía que me volviera a suceder, cosa que no volvió a ocurrir mientras estuve en Nueva York. No obstante, para mi sorpresa, al finalizar mis vacaciones y luego de haber regresado a mi hogar, comenzó mi calvario luchando durante muchas noches consecutivas con el viento tenebroso aterrador que quería entrar a mi cuerpo. Sufrí mucho porque no encontraba cómo acostarme sabiendo que en algún momento vendría hacia mí nuevamente. Todo el tiempo lograba alejar el viento aterrador cuando inmediatamente y de forma automática clamaba a Dios, orando el Padre Nuestro y repitiendo Jehová te amo. Llegó el momento que tuve que informarle a mi madre lo que me ocurría y en múltiples ocasiones me iba a dormir con mis padres porque no quería vivir ese horror en mi cuarto (tenía 24/25 años). Gracias a Dios mi madre no dudó de lo que me ocurría y era mi apoyo. Un día mi madre buscó lo que se llama quinqué (objeto de cristal para alumbrar), colocó una foto mía y otra foto de Jesucristo que la tienen muchas personas, en la cual vemos a Jesucristo cargando a un hombre que al parecer está sin fuerzas y mi madre dejó el quinqué con las fotos en la coqueta de mi cuarto. Para la Gloria de Dios, esa fue la última noche de la aparición de ese viento aterrador. Precisamente, cuando esa noche comenzó mi calvario, exclamé a Dios automáticamente como siempre lo hacía y en un momento dado, vi el viento aterrador bajar del techo con una forma más definida, como del tamaño de dos pies de alto aproximadamente, dirigiéndose hacia la puerta de mi cuarto saliendo del mismo y entrando al cuarto de mis padres el cual estaba al lado del mío. Inmediatamente llamé a mi madre contándole lo que vi y ella me dijo que precisamente sintió algo que salió por la ventana de su cuarto, pero no podía precisar qué salió por su ventana.
La segunda vivencia negativa ocurrió luego de haber contraído matrimonio y después de varios años, estábamos mi esposo y yo en nuestro dormitorio, mi esposo estaba dormido y yo despierta. En un momento dado, sentí que tenía que mirar a la puerta de la entrada al cuarto y al mirar en esa dirección, vi una figura como de seis pies y medio (cubría desde el piso hasta el marco de la puerta), con ropa negra, no se veía su rostro, ojos, manos ni piernas, parecía lo que conocemos como el chacal. Estuvo sin moverse como si estuviera mirando en dirección a nosotros durante aproximadamente 7 segundos y desapareció. Increíblemente no sentí miedo, lo vi desaparecer, no desperté a mi esposo quedándome dormida posteriormente y nunca sentí miedo sobre este suceso.
Finalmente, años después tuvimos una situación familiar para la cual hicimos un círculo de oración en mi cuarto entre mis dos hijas, mi esposo y yo. Quise hacer el círculo de oración porque por mis experiencias anteriores negativas, reconocí que había un ataque maligno. Una vez comencé la oración, segundos más adelante sin viento alguno ni brisa, la puerta se cerró a una velocidad impresionante realizando un ruido súper fuerte. En mi caso, casi brinqué, pero no solté mis manos del círculo de oración y continúe orando. Nadie habló sobre lo sucedido hasta tres semanas después cuando le pregunté a mis hijas si se dieron cuenta de lo que sucedió ese día y ellas me indicaron que sí que se dieron cuenta, que entendían que se quiso interrumpir nuestra oración, pero ninguno de nosotros quisimos volver a hablar del asunto.
Lamento si alguien se siente atemorizado, pero esto no le ocurre a todas las personas, esto es un misterio. Para los que han vivido lo mismo, sepan que no son los únicos, pero somos bendecidos porque logramos vencer al maligno y por el contrario, nos acercamos a Dios. La única pregunta que me hago es: Porqué nosotros y qué plan tiene Dios con nosotros.